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Sáb, Abr

Nacional
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El debate presupuestario volvió a exponer las fragilidades internas y de conducción de ambas coaliciones. Sin orden, no hay progreso. Que va a pasar en el futuro con la aerolíneas de bandera ?

En la presentación de su libro “Para qué”, el ex presidente Macri volvió a cargar contra la gestión y las utilidades que le puede aportar Aerolíneas Argentinas a la Nación. Llama poderosamente la atención que el Ingeniero haya vuelto a cambiar de opinión respecto a sus dichos en plena campaña presidencial de 2015. Pero lo más extraño es que, una vez en el gobierno, no sólo no haya hecho lo que hoy pide a gritos delante de los aplaudidores de turno, sino que, durante su gestión a cargo del ejecutivo nacional, se haya agravado el déficit operativo de la compañía.

De la misma manera que sucede en muchos otros análisis, el gobierno hace gala de su habilidad para practicar el deporte nacional de esquivar debates fundamentales para la estructura económica de nuestro país. Parecería ser que estamos destinados a que, desde la coalición oficialista, se minimice la discusión acerca de los costos y beneficios que conlleva tener una aerolínea de bandera, indispensable para el desarrollo, la defensa nacional, y la estrategia geopolítica. Sin embargo, el destino nos condenaría también a contar con una oposición que no hace esfuerzos por delinear opiniones críticas que no caigan en la simplificación de las causas. La argumentación homogénea, sin matices ni puntos medios, que esboza Macri en relación a la situación actual y futura de Aerolíneas, deja entrever que, su visión binaria de Estado Si/ Estado No, será el puntapié inicial de todas las demás cuestiones estratégicas del país. Viejas recetas para nuevos problemas.

Tal como señala el periodista Iván Schargrodsky en su participación en el programa conducido por Julia Mengolini en Futurock, el peronismo no puede volver a caer en el error de subestimar discusiones que, a futuro, hagan de excusas para atentar a favor del despido masivo de trabajadores públicos y la privatización de empresas estatales. Si contar con una aerolínea de bandera forma parte de la plataforma del proyecto de país que se busca desde el Frente de Todos, esquivar las discusiones estratégicas de su composición es -por lo menos- un error inentendible que se vuelve a repetir. Se podría pensar que la mejor defensa del proyecto que conlleva y engloba Aerolíneas Argentinas es, como primer paso, reconocer que los USD 438 millones de déficit que tuvo la compañía en el año 2021 forman parte de un problema que se puede atender, y no eliminar de cuajo. Lógico que para ello hace falta una estrategia de coordinación y comunicación política; materias que el gobierno tiene en el debe.

La narrativa oficialista debería asumir el reto de replantearse los límites de la popular frase “Hacerle el juego a la derecha”. Difícilmente se encuentre algo más condescendiente a ello que no combatir el intento de construcción de sentido común que está llevando adelante el ex presidente Macri. Tal como en la previa a las elecciones del año 2015, el gobierno parece conocer y saber todas las discusiones que merecen o carecen de atención para la agenda pública. Dada la imposibilidad de resolver ciertas cuestiones económicas y programáticas, sería novedoso ver al gobierno intentar reconstruir un relato político que se encuentra en el olvido.

Al mismo tiempo, la interna de Juntos parecería haber cedido hacia un discurso que se construyó desde las encuestas y los focus groups, mientras que el Frente de Todos continúa exponiendo ante los medios un debate que a priori, a poca parte de la sociedad le interesa. Sorprende la liviandad con la cual el ex jefe de bloque de diputados oficialistas se refiere a su relación con el presidente de la Nación. Cualquier análisis lleva a pensar que, en un contexto en el cual 4 de cada 10 argentinos son pobres, vanagloriarse jocosamente de no hablar con la conducción institucional del gobierno con el cual él colaboró para su conformación y coronación, forma parte de una preocupante irresponsabilidad política. Para construir el orden interno, asumir las responsabilidades podría ser uno de los primeros pasos.

La falta de rumbo y acción del gobierno nacional se ve plasmada en la danza de posibles presidenciales que circularon esta semana. A una coalición que no tiene orden interno, difícilmente se le pueda pedir progreso para su plan de gobierno. Ministros que reniegan del gobierno que integran, diputados que no dan quórum parlamentario, funcionarios que hacen un esfuerzo supremo por maquillar el ajuste presupuestario, y legisladores que votan en contra de las propuestas de su propio espacio. Párrafo aparte para quienes acceden a las bancas por el voto popular y terminan representando intereses sectoriales y minúsculos.

El FdT no es la excepción a la regla, sino que ya pasó a formar parte de la regla per sé. En Juntos se vive un clima similar en cuanto a la descoordinación refiere. Lógico que desde la comodidad que brinda el ser opositor, se están dirimiendo a la figura que “más mida”. El punto de conflicto cambiemita no pasa por el reconocimiento del liderazgo, sino por la construcción de una figura que pueda unir a todos los puntos internos de la coalición. Macri teme que su dedo corra la misma suerte que el de la vicepresidenta. La bendición que puede ofrecer el ex presidente le puede servir a corto plazo, pero corre el riesgo de sufrir la relación que hoy por hoy tienen Alberto y Cristina. Ante este dilema, parece encerrado en optar entre una figura que él no inventó, como Bullrich, y un perfil político que es producto suyo, pero que apenas él dejó el sillón de Rivadavia, ya lo estaba jubilando. Sin embargo, como su liderazgo en su espacio no se discute, cuenta con la espalda para elegir (se).

Por otro lado la agenda mediática continúa cruzada por asuntos que poca relación tejen con las preocupaciones sociales o proyectos de gobierno (presente y futuro). Algunos omiten, otros critican, aquellos simplifican. En el medio, algunos sufren, y otros continúan con los privilegios que facilita el poder real. El poder judicial, del que nadie esperaba nada, nada está haciendo. La oposición nuevamente asistió al debate del Presupuesto de la Administración Pública Nacional con la intención de no aportar propuestas superadoras, ni de construir alternativas legislativas que corrijan o perfeccionen los puntos más críticos para su visión. Sin embargo, cabe señalar que no toda la oposición actuó de la misma forma. Algunos sectores radicales facilitaron la aprobación parlamentaria bajo argumentos presupuestarios que toda la política conoce, pero que no se publican abiertamente. Luego de esta semana, el uso del término “caja” debería descansar.

Las principales coaliciones sufren desorden interno, creen que sus agendas forman parte del temario público, y no pueden conectar con la realidad que se vive en la calle. Esta semana estuvo sobre la mesa un principio de debate que pudo haber sido fructífero si gobierno, oposición, y sindicatos protagonistas de la actividad así lo afrontaban. Dada la falta de liderazgo, conducción y orden, el gobierno elige omitir temas y problemas pensando que alguna “mano invisible” solucionará y cambiará las realidades, mientras que Juntos elige banalizar y simplificar toda discusión política. Sin coordinación, ni conducción, el progreso se hará esperar.

Por: Lic. Victor Palomo - Columnista Info24 Radio.

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