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Dom, May

Economía

Un informe del Instituto Interdisciplinario de Economía Política de la UBA advierte que la caída del ingreso y la pérdida de puestos privados marcan el pulso de la crisis laboral.

Un informe del Instituto Interdisciplinario de Economía Política de la Universidad de Buenos Aires volvió a poner en números el deterioro del mundo laboral argentino. Según el estudio, la capacidad adquisitiva del Salario Mínimo, Vital y Móvil retrocedió 39,3% en relación con noviembre de 2023, último tramo de la gestión anterior. La cifra sintetiza una pérdida profunda del poder de compra que impacta de lleno sobre trabajadores, familias y consumo cotidiano.

El trabajo, titulado “Panorama del Empleo Asalariado Formal y de las Remuneraciones”, señala que el golpe más fuerte se produjo en los primeros meses del actual ciclo económico. Diciembre de 2023 registró una caída del 15% y enero de 2024 otra baja del 17%, dos movimientos que explican buena parte del derrumbe inicial del salario mínimo. Luego hubo recuperaciones parciales, pero insuficientes para recomponer el daño acumulado.

El dato salarial aparece acompañado por otra señal preocupante: desde noviembre de 2023 se registran 206 mil puestos de trabajo asalariados formales privados menos. La pérdida de empleo formal profundiza el cuadro de fragilidad social, porque no sólo reduce ingresos familiares, sino también cobertura de obra social, aportes jubilatorios y estabilidad laboral.

La industria figura entre los sectores más golpeados. Desde septiembre de 2023 perdió casi 74 mil puestos de trabajo, de los cuales 45 mil corresponden a 2025. El dato muestra que el deterioro no quedó concentrado en el arranque del ajuste, sino que se extendió en el tiempo y siguió afectando a ramas productivas que suelen funcionar como termómetro de la actividad económica.

El comercio también sufrió una reducción importante. Durante el año pasado perdió 20.800 empleos, en un contexto de caída del consumo y menor circulación de ingresos en los hogares. Cuando el salario se achica, el impacto llega rápido a los mostradores: se venden menos productos, se reducen horarios, se ajustan planteles y el empleo queda expuesto.

La construcción, otro sector sensible por su capacidad de generar trabajo directo e indirecto, perdió 90 mil puestos desde mayo de 2023. Aunque en febrero pasado mostró una estabilización, el retroceso acumulado sigue siendo fuerte. La paralización de obras y el freno de la inversión empujaron una contracción que impactó sobre empresas, trabajadores, proveedores y economías locales.

El informe de la UBA deja una conclusión difícil de maquillar: empleo y salario siguen siendo los principales desafíos de la gestión económica. La inflación puede desacelerar mes a mes, pero si los ingresos no recuperan lo perdido y el empleo formal continúa debilitado, la mejora estadística no alcanza para modificar la realidad cotidiana de los hogares.

En paralelo, las consultoras privadas proyectan para mayo una inflación menor a la registrada en abril, aunque todavía significativa. Las estimaciones ubican el Índice de Precios al Consumidor entre 2,1% y 2,5%, por debajo del 2,6% informado por el INDEC en abril y lejos del pico de 3,4% registrado en marzo. El último Relevamiento de Expectativas de Mercado anticipó un 2,3% para mayo.

El ministro de Economía, Luis Caputo, aseguró que espera un dato inferior al de abril. El resultado oficial será publicado por el INDEC el próximo 11 de junio. Sin embargo, los analistas advierten que la desaceleración mensual no permite hablar todavía de un cambio profundo de tendencia: la dinámica anualizada continúa por encima del 30% y los precios siguen acumulando aumentos sobre salarios ya castigados.

La tensión de fondo está en esa distancia entre las variables macroeconómicas y la vida diaria. Una inflación algo menor puede aliviar la velocidad del deterioro, pero no recupera por sí sola lo perdido. Con un salario mínimo 39,3% por debajo de noviembre de 2023 y más de 200 mil empleos formales privados destruidos, el problema no es sólo cuánto suben los precios, sino con qué ingresos se enfrentan.

El mercado laboral quedó atrapado en una combinación dura: menor poder adquisitivo, pérdida de empleo registrado y sectores productivos debilitados. La industria, el comercio y la construcción muestran que la crisis no es abstracta. Se expresa en fábricas con menos personal, obras frenadas, negocios que venden menos y trabajadores que llegan con más dificultad a fin de mes.

El informe del IIEP marca una advertencia central para la política económica. Sin recomposición salarial y sin recuperación del empleo formal, la desaceleración inflacionaria corre el riesgo de convertirse en una estadística sin correlato social. Porque una economía no se ordena sólo bajando índices: también necesita trabajo, ingresos y capacidad real de consumo.