fbpx
12
Lun, Ene

Ciencia y Tecnología

PSR J2322-2650b orbita un púlsar letal y posee una atmósfera jamás vista, rica en carbono, sin rastros de agua o metano; los astrónomos aún no logran explicar su origen.

Un planeta deforme, tóxico y posiblemente brillante

¿Qué es un planeta?

La pregunta parece simple, pero cada vez que creemos tener la respuesta, el universo lanza una bofetada cósmica. Y esta vez vino en forma de un objeto infernal: PSR J2322-2650b, un planeta —si es que se le puede llamar así— tan extraño, que los propios astrónomos se quedaron sin palabras. “¿Qué diablos es esto?”, fue la reacción literal del equipo de científicos que lo estudió.

Lo captó el Telescopio Espacial James Webb, ese monstruo tecnológico que desde su puesto a un millón de millas de la Tierra detecta lo que ningún otro instrumento puede ver. Lo que encontró fue una criatura celeste orbitando a un púlsar, una estrella de neutrones que gira como un demonio y lanza rayos gamma desde sus polos. La gravedad que emite es tal que el planeta tomó forma de limón, tironeado por la fuerza brutal de su estrella.

Pero lo más inquietante no es su forma. Es su composición. En vez de contener agua, dióxido de carbono o metano —los clásicos ingredientes de la mayoría de los exoplanetas—, PSR J2322-2650b está envuelto en helio y carbono molecular puro, una mezcla que no se había observado jamás en ningún otro mundo conocido. Y no se trata de una suposición: el espectro fue prístino, porque el púlsar que lo acompaña no emite luz infrarroja que pueda interferir.

Debajo de esa atmósfera asfixiante, el carbono bajo presión podría formar diamantes. Sí: un planeta deformado, infernal, tóxico… y con corazón de diamante. Literal.

Pero lo que tiene sin dormir a la comunidad científica es el cómo se formó. Ninguna teoría actual lo explica. ¿Se trata de una estrella canibalizada por el púlsar? ¿Un planeta mutado por radiación extrema? ¿Un híbrido nacido de procesos que ni siquiera comprendemos?

“Parece descartar todos los mecanismos de formación conocidos”, dijo Michael Zhang, de la Universidad de Chicago.

El sistema entero podría ser parte de una categoría rara conocida como “viuda negra”, donde el púlsar lentamente destruye a su compañero, como la araña homónima. Pero acá, el compañero no es una estrella: es oficialmente un planeta, según la Unión Astronómica Internacional.

A esa rareza se suma otra teoría fascinante: el interior de este planeta, lleno de carbono y oxígeno, podría estar cristalizándose lentamente. Es decir: lloviznas de diamantes que flotan sobre un océano de helio, en un entorno donde la temperatura, la gravedad y la radiación rompen todos los esquemas.

El hallazgo es tan único que solo el Webb podía lograrlo. En la Tierra, las observaciones habrían sido imposibles: la atmósfera y el calor terrestre habrían interferido con los delicados espectros infrarrojos que revelaron esta joya maldita del cosmos.

¿Es un planeta? ¿Un esqueleto de estrella? ¿Un nuevo tipo de objeto interestelar? Nadie lo sabe. Pero lo cierto es que el universo vuelve a recordarnos que aún entendemos poco y nada, y que cada respuesta abre un millón de preguntas más.

FUENTE: DOI: 10.3847/2041-8213/ae157c

Si llegaste hasta acá tomate un descanso con la mejor música