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Economía

Un informe basado en datos de la SRT advierte la pérdida de 26.448 empleadores y casi 340 mil puestos registrados, mientras la industria opera al 59,9% de su capacidad.

La economía real vuelve a mostrar una fotografía crítica. Mientras el Gobierno nacional insiste en presentar la baja de la inflación como prueba de éxito, los indicadores de producción, empleo y actividad empresaria exponen otra realidad: miles de empresas cerradas, cientos de miles de puestos de trabajo destruidos y una industria que todavía funciona muy por debajo de su capacidad.

Un informe del Centro de Economía Política Argentina, elaborado sobre datos oficiales de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo, reveló que entre noviembre de 2023 y marzo de 2026 desaparecieron 26.448 empleadores registrados. El número equivale a un promedio de 31 empresas menos por día desde la llegada de Javier Milei al Gobierno nacional.

El deterioro empresario tuvo su correlato directo sobre el empleo formal. En el mismo período se perdieron 339.841 puestos de trabajo registrados en unidades productivas, lo que representa casi 400 empleos menos por día.

Los datos reflejan una crisis que no se agota en la estadística. Cada empresa que baja la persiana implica menor producción, menos salarios, menos consumo, caída de proveedores y pérdida de tejido económico. El impacto se siente con más fuerza en sectores que dependen del mercado interno, golpeados por la caída del poder adquisitivo, la apertura importadora y el freno de la obra pública.

Según el relevamiento, en noviembre de 2023 había 512.357 firmas con aportes a la seguridad social. Para marzo de 2026, ese número había descendido a 485.909. La diferencia marca el retroceso de una estructura productiva que, lejos de expandirse, se achica.

El comercio aparece como uno de los sectores más afectados, con una pérdida de 6.836 empleadores en 28 meses. El dato expresa la contracción del consumo minorista, uno de los rostros más visibles del ajuste. También hubo una fuerte caída en transporte y almacenamiento, con 6.473 firmas menos, y en la industria manufacturera, que perdió 3.393 empresas.

Desde el punto de vista laboral, la construcción fue el sector más golpeado, con una pérdida de 81.425 trabajadores registrados entre noviembre de 2023 y marzo de 2026. Le siguió la industria manufacturera, con 79.263 empleos menos. Son dos ramas clave para medir el pulso de la economía real: una vinculada a la obra pública, la inversión y el movimiento territorial; la otra, al entramado productivo y al empleo industrial.

El cuadro se completa con el dato oficial del INDEC sobre utilización de la capacidad instalada. En abril de 2026, la industria manufacturera utilizó apenas el 59,9% de su capacidad. Dicho de otro modo, cuatro de cada diez máquinas disponibles permanecieron sin uso.

Aunque el número muestra una leve mejora frente al mismo mes del año anterior y se ubica apenas por encima del registro de marzo, sigue lejos de una recuperación sólida. El promedio de utilización de la última década se ubica por encima del nivel actual, incluso contemplando años de fuertes restricciones como los de la pandemia.

El problema no es solo cuánto produce la industria, sino cuánto podría producir y no produce. Capacidad instalada ociosa significa fábricas con turnos reducidos, líneas apagadas, menos demanda de insumos, menor contratación y presión sobre el empleo.

Algunos sectores muestran una situación especialmente delicada. La industria automotriz utilizó apenas el 46,5% de su capacidad instalada en abril, por debajo del 49,6% registrado en marzo. El dato corta la expectativa de una recuperación sostenida luego de los niveles extremadamente bajos observados a comienzos de año.

La industria textil también continúa en zona crítica, con una utilización cercana al 42,4%. Lo mismo ocurre con productos de caucho y plástico. En cambio, la refinación de petróleo se ubica en el extremo opuesto, con un uso de capacidad del 86,8%, favorecida por una dinámica más asociada a la cadena energética que al consumo popular.

La diferencia entre sectores expone el modelo económico en marcha. Mientras algunas ramas vinculadas a recursos estratégicos o exportaciones logran sostener actividad, las áreas dependientes del salario, el consumo interno y la producción nacional para el mercado local siguen bajo presión.

El discurso oficial insiste en que la estabilización macroeconómica permitirá una recuperación posterior. Pero los números actuales muestran que esa promesa todavía no llegó a las fábricas, los comercios ni los trabajadores. La baja de la inflación, cuando se sostiene sobre salarios deprimidos, caída del consumo, apertura importadora y destrucción de empleo, tiene un costo social y productivo evidente.

La economía no se mide solo por el resultado fiscal. También se mide por las máquinas encendidas, los comercios abiertos, las obras en marcha y los trabajadores con empleo registrado. En esos indicadores, la Argentina de la era Milei todavía muestra una realidad de ajuste profundo.

El dato más fuerte es simple: cuatro de cada diez máquinas industriales están paradas y más de 26 mil empresas dejaron de existir como empleadores registrados. Esa combinación golpea el corazón de cualquier proyecto de desarrollo.

Sin producción, sin empresas y sin empleo, la recuperación prometida sigue siendo, para gran parte de la economía real, una expectativa que no aparece.