Un nuevo aumento de la carne impacta fuertemente en el bolsillo de los Argentinos que se ven obligados a buscar nuevos hábitos alimentarios.
Según el último informe del Instituto de Promoción de la Carne Vacuna (IPCVA), el kilo promedio alcanzó los $18.564, con un aumento mensual del 10,6% y una suba interanual del 68,6%. El dato no es menor: más que duplica la inflación del mismo período, lo que explica por qué el impacto en el consumo es inmediato.
El golpe se traduce en números concretos. En el último año, el consumo por persona cayó de 49 a 44 kilos, una reducción de cinco kilos por habitante. Es una señal clara de ajuste en los hogares, donde la carne vacuna empieza a ser reemplazada, aunque sin éxito total, por otras opciones.
El pollo y el cerdo aparecen como alternativas, pero tampoco escapan a la presión de precios. El pollo subió 10,9% en marzo y acumula un 49,1% interanual, mientras que el cerdo, con un aumento más moderado, se mantiene como la opción relativamente más accesible. Aun así, el crecimiento del consumo de cerdo —1,5 kilos más por persona— no alcanza para compensar la caída de la carne vacuna.
El problema no es solo el precio final, sino su estructura. Según la Fundación Agropecuaria para el Desarrollo de la Argentina (FADA), el valor de la carne se distribuye entre costos de producción, comercialización e impuestos, que representan casi un tercio del total. Esa composición limita el margen de alivio para el consumidor.
Mientras tanto, el mercado externo muestra una cara completamente distinta. Las exportaciones de carne vacuna crecieron con fuerza tanto en volumen como en valor. En marzo se enviaron al exterior más de 61 mil toneladas, con ingresos por más de 419 millones de dólares. En la comparación interanual, las ventas aumentaron casi un 40% en cantidad y se duplicaron en valor.
Ese contraste sintetiza el momento del sector: consumo interno en retroceso y demanda internacional en expansión. La carne que falta en la mesa local encuentra salida en el mercado global, donde los precios resultan más atractivos.
La tendencia no parece revertirse en el corto plazo. Con un contexto internacional que sigue presionando y una economía local que limita el poder de compra, la carne vacuna se aleja cada vez más del consumo cotidiano y se acerca a un lugar más esporádico en la dieta de los argentinos.
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