El oficialismo sostiene que el sistema no corre peligro, pero la realidad técnica es otra: las estaciones automatizadas son apenas 20 sobre un total de 115, y el relevamiento sigue siendo mayoritariamente manual. La reducción de personal implica menor cobertura y menos precisión en las alertas.
El miércoles 16 de abril comenzaron a llegar las notificaciones. Personal contratado del Ministerio de Defensa que trabaja en el Servicio Meteorológico Nacional (SMN) recibió la comunicación de su desvinculación: 140 bajas en total, concentradas en los equipos de observación de estaciones en todo el país. La medida es parte del plan de "optimización de recursos" que impulsa el Ministerio de Desregulación, Desburocratización y Transformación del Estado, a cargo de Federico Sturzenegger.
Desde el Gobierno intentaron minimizar el impacto. "No hay meteorólogos entre los despedidos. No se pone en peligro el sistema del Servicio Meteorológico", afirmaron fuentes oficiales citadas por Perfil. Sin embargo, la distinción entre meteorólogos y observadores no es técnicamente menor: son precisamente los observadores quienes sostienen el funcionamiento cotidiano de las 115 estaciones meteorológicas distribuidas a lo largo y ancho de un país de casi 2,8 millones de kilómetros cuadrados.
Los trabajadores afectados revisten bajo la figura de monotributistas o contratos del artículo 9, modalidad que permite dar de baja sin indemnización. Desde ATE denunciaron la situación: "Hay gente con contratos de muchos años. Los dan de baja y te mandan a tu casa sin indemnización".
De siete a cinco por turno: la "automatización" que no existe todavía
El argumento gubernamental para justificar la reducción de personal es la automatización progresiva del sistema. La intención es pasar de siete a cinco trabajadores por turno en las estaciones meteorológicas. El problema es que esa automatización es, por ahora, una promesa antes que una realidad operativa: de las 115 estaciones activas del SMN, menos de 20 cuentan con sistemas automatizados. El resto depende del relevamiento manual realizado por los observadores. Menos personal, entonces, se traduce directamente en menos observación y en menor precisión en los pronósticos y alertas.
La meteoróloga y académica Matilde Rusticucci lo explicó con precisión técnica: "Las observaciones, la toma de medición de la temperatura, presión, humedad, etcétera, se realizan en las estaciones meteorológicas. En un país tan grande como el nuestro, y tan diverso, se necesita de la observación in situ. Eso quiere decir que necesitamos una estación meteorológica bien equipada. Eso requiere insumos, inversión en equipamiento, pero además personal que haga esas observaciones, que esté 24 horas observando, todos los días".
El cuestionamiento no es nuevo. En el ámbito del SMN se sabía desde hacía semanas que el proceso de recorte estaba en marcha. El 16 de marzo, el Centro Argentino de Meteorólogos (CAM) emitió un comunicado en el que advirtió con claridad: "En un contexto de creciente frecuencia e intensidad de eventos extremos, debilitar las capacidades de observación y monitoreo atmosférico del país resulta una decisión de muy alto riesgo para la sociedad y la economía". El Gobierno tomó nota de la advertencia y avanzó de todos modos.
Un servicio que ya era insuficiente
La presidenta del CAM, Carla Gulizia, había planteado el problema estructural antes del anuncio de los despidos: "En la actualidad son 115 estaciones. Ya son insuficientes considerando la superficie que tiene la Argentina. Deberían de base duplicarse, e incluso en ese caso nos faltaría cobertura en parte del territorio". A eso se suma la deuda histórica en materia de mediciones marítimas. "Dentro de las mediciones de las que se encarga el SMN están las mediciones en el Mar Argentino. Acá también se necesita una mayor cantidad de estaciones costeras que tomen mediciones. ¿Por qué? Porque todo esto hace a la seguridad nacional", agregó.
El ajuste no cae sobre una institución sobredimensionada. Cae sobre un organismo que, según sus propios especialistas, ya operaba por debajo de los estándares técnicos recomendados para un país de la dimensión y diversidad geográfica de la Argentina.
Una cadena que se rompe eslabón por eslabón
Desde ATE, el sindicato que agrupa a buena parte de los trabajadores del organismo, la lectura es contundente: "Para nosotros el observador meteorológico es clave en esta cadena de producción. Cada eslabón que tocaron perjudica absolutamente toda la funcionalidad del servicio".
La preocupación interna en el SMN apunta a que estos 140 despidos sean solo el comienzo de una reducción más amplia. La lógica del plan de Sturzenegger no distingue entre organismos de infraestructura crítica y áreas puramente administrativas: el criterio es la reducción del gasto, y los contratos precarios son el blanco más fácil porque no generan costos de salida.
Lo que está en juego, en términos concretos, es la capacidad del Estado argentino para anticipar tormentas severas, inundaciones, olas de calor y otros fenómenos que en los últimos años cobraron vidas y generaron pérdidas económicas de magnitud. Reducir la red de observación en ese contexto no es una decisión técnica: es una decisión política con consecuencias mensurables.
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