Retinopatía del prematuro: investigan por qué algunos hospitales tratan a muchos más bebés que otros
La retinopatía del prematuro es una enfermedad ocular que puede causar pérdida irreversible de la visión en bebés nacidos antes de término. Aunque el diagnóstico temprano y el tratamiento permiten evitar la ceguera en la mayoría de los casos, una investigación realizada en Noruega detectó importantes diferencias entre hospitales en la cantidad de niños que reciben tratamiento.
La variación llamó la atención de un equipo de investigadores de la Universidad Noruega de Ciencia y Tecnología, que intentó determinar si las diferencias podían deberse a la forma en que los oftalmólogos de cada hospital interpretaban la gravedad de la enfermedad.
“Estas diferencias entre los hospitales son inexplicables”, señaló Dordi Austeng, profesora del Departamento de Neuromedicina y Ciencias del Movimiento de la NTNU.
En principio, la proporción de bebés prematuros que desarrolla una forma grave de la enfermedad no debería variar de manera considerable entre hospitales comparables. Sin embargo, los registros mostraban que en algunas regiones se indicaban muchos más tratamientos que en otras.
La hipótesis inicial era que ciertos especialistas podían estar aplicando criterios más amplios y tratando casos que otros médicos consideraban menos graves.
Para comprobarlo, los investigadores evaluaron a los 15 oftalmólogos noruegos responsables de examinar a bebés prematuros y decidir cuándo corresponde iniciar un tratamiento.
Los especialistas participaron de una prueba en línea desarrollada con la colaboración de investigadores de Estados Unidos. Allí debían analizar distintos casos clínicos y determinar si existían signos de retinopatía del prematuro suficientemente graves como para justificar una intervención.
El resultado fue contrario a lo esperado.
Los oftalmólogos pertenecientes a la región donde se trataba a la mayor cantidad de bebés fueron, al mismo tiempo, los más restrictivos al momento de diagnosticar una retinopatía que requiriera tratamiento.
Es decir, los profesionales que trabajaban en las zonas con más intervenciones no parecían estar sobrediagnosticando la enfermedad. Por el contrario, indicaban el diagnóstico con menor frecuencia durante la evaluación.
“Este es exactamente el resultado opuesto al que esperábamos si los oftalmólogos hubieran sometido a los niños a un tratamiento excesivo”, explicó Austeng.
El estudio, publicado en la revista científica Acta Ophthalmologica, permite descartar al menos una de las explicaciones iniciales: las diferencias entre hospitales probablemente no se deben a que algunos especialistas tengan criterios considerablemente más flexibles que otros.
Una enfermedad relacionada con el nacimiento prematuro
La retinopatía del prematuro, conocida por la sigla ROP, afecta principalmente a niños que nacen antes de que los vasos sanguíneos de la retina hayan completado su desarrollo.
La retina es el tejido sensible a la luz que recubre la parte interna del ojo. Cuando un bebé nace de manera prematura, los vasos sanguíneos pueden desarrollarse de forma anormal, generando lesiones que, en los casos más graves, pueden provocar desprendimiento de retina y pérdida permanente de la visión.
“El riesgo de que los vasos sanguíneos se desarrollen incorrectamente aumenta cuanto más prematuro es el nacimiento y con la terapia de oxígeno, entre otros factores”, explicó Tora Sund Morken, profesora e integrante del Grupo de Investigación en Oftalmología de la NTNU.
Antiguamente, la enfermedad era conocida como “ceguera de incubadora”, debido a su asociación con la atención neonatal y con el uso de oxígeno en bebés prematuros.
El músico estadounidense Stevie Wonder, nacido prematuramente en 1950, perdió la visión durante su infancia en un contexto históricamente vinculado con esta enfermedad. Sin embargo, las posibilidades diagnósticas y terapéuticas actuales son muy diferentes de las existentes en aquella época.
Hoy, los bebés considerados de riesgo son examinados periódicamente por oftalmólogos especializados. Si se detectan signos de progresión, pueden recibir tratamiento antes de que la enfermedad produzca daños irreversibles.
Gracias a estos controles, son muy pocos los niños que actualmente quedan ciegos por esta causa en países con sistemas de seguimiento neonatal consolidados.
Por qué podrían existir diferencias entre hospitales
Descartada la hipótesis de que algunos oftalmólogos diagnostiquen con mayor facilidad, los investigadores comenzaron a analizar otras posibles explicaciones.
Una de ellas es que existan diferencias en la supervivencia de los bebés extremadamente prematuros. Los niños que nacen con menor edad gestacional suelen presentar mayor fragilidad y un riesgo superior de desarrollar retinopatías graves.
Un hospital que logra mantener con vida a una mayor proporción de bebés extremadamente prematuros podría, como consecuencia, registrar también una mayor cantidad de casos que requieren tratamiento.
Otra explicación podría estar relacionada con la incidencia de infecciones, enfermedades pulmonares o la necesidad de administrar oxígeno durante períodos prolongados. Todos estos factores pueden influir en el desarrollo y la gravedad de la retinopatía.
También podrían existir diferencias en los protocolos utilizados por las unidades neonatales para controlar el oxígeno, tratar infecciones o asistir a los recién nacidos con problemas respiratorios.
Por el momento, los investigadores no encontraron una respuesta definitiva.
El próximo paso de la investigación
El equipo analizará ahora la información registrada en la Red Neonatal Noruega, una base de datos que contiene antecedentes sobre enfermedades, tratamientos y evolución de los recién nacidos atendidos en el país.
El objetivo será comparar las características clínicas de los bebés, su edad gestacional, peso al nacer, enfermedades asociadas, necesidad de oxígeno y tratamientos recibidos en cada hospital.
“Esperamos encontrar más respuestas este año. Lo que sabemos hoy es que las diferencias probablemente no se deban a variaciones en el diagnóstico de la retinopatía del prematuro que requiere tratamiento”, sostuvo Austeng.
El trabajo busca determinar si la desigual frecuencia de intervenciones refleja distintas condiciones de salud entre los bebés o diferencias en la atención neonatal previa a la evaluación oftalmológica.
La investigación tiene una importancia directa para la calidad de la atención. Si las diferencias se deben a factores clínicos inevitables, podrían estar justificadas. Pero si surgen de protocolos hospitalarios distintos, será necesario revisar prácticas y establecer criterios comunes.
En una enfermedad donde el diagnóstico y el tratamiento oportunos pueden marcar la diferencia entre conservar la visión o quedar ciego, conocer las causas de estas variaciones no es una cuestión meramente estadística. Es una herramienta fundamental para garantizar que todos los bebés prematuros reciban la misma posibilidad de proteger su vista.
Fuente: https://onlinelibrary.wiley.com/doi/10.1111/aos.70146