Luiz Inácio Lula da Silva volvió a protagonizar una remontada política en Brasil. El presidente derrotó este domingo a Flávio Bolsonaro en la segunda vuelta electoral y consiguió un cuarto mandato, un hecho sin antecedentes en la historia democrática reciente del país.
Con el escrutinio completado, Lula alcanzó el 51,8% de los votos y obtuvo una ventaja cercana a los 4,4 millones de sufragios sobre el candidato del Partido Liberal.
El resultado adquiere una dimensión particular porque el mandatario había terminado detrás de Flávio Bolsonaro en la primera vuelta del 4 de octubre. El senador había conseguido entonces una ventaja superior a los dos millones de votos.
Durante las tres semanas siguientes, el Partido de los Trabajadores reorganizó su campaña y concentró esfuerzos en recuperar votantes jóvenes, aumentar la participación y reforzar un discurso centrado en derechos sociales, democracia y protección de los sectores de menores ingresos.
La elección terminó siendo una de las más disputadas de los últimos años y profundizó la división política entre dos modelos con diferencias marcadas en economía, políticas sociales, seguridad pública, ambiente y relaciones internacionales.
La jornada electoral estuvo además atravesada por inconvenientes con el transporte público y por las fuertes lluvias que afectaron distintas regiones.
Tanto la campaña de Lula como la de Flávio Bolsonaro presentaron pedidos para extender el horario de votación, aunque por razones y alcances diferentes.
El ministro del Supremo Tribunal Federal Cristiano Zanin dispuso finalmente una prórroga hasta las 19:00. El Tribunal Superior Electoral suspendió durante ese período la recepción y totalización pública de los resultados hasta que finalizara la votación.
La decisión generó cuestionamientos entre dirigentes vinculados con Bolsonaro y abrió la posibilidad de futuras controversias judiciales, aunque el resultado terminó mostrando una diferencia irreversible a favor del presidente.
Con esta victoria, Lula se convierte en el primer brasileño en alcanzar cuatro mandatos presidenciales, aunque no consecutivos.
Gobernó entre 2003 y 2010, regresó al Palacio del Planalto en 2023 después de derrotar a Jair Bolsonaro y ahora iniciará un nuevo período presidencial en enero de 2027.
El triunfo representa también una nueva derrota electoral para el espacio político construido alrededor del expresidente Jair Bolsonaro. Esta vez, el adversario de Lula fue su hijo Flávio, senador y candidato presidencial del Partido Liberal.
Durante la campaña, Lula prometió profundizar programas de asistencia social, mejorar los ingresos de los sectores de menores recursos, ampliar beneficios laborales y continuar con las políticas de reducción de la deforestación de la Amazonía.
Sin embargo, su próximo mandato comenzará con dificultades importantes.
Brasil tendrá uno de los Congresos más conservadores desde el retorno de la democracia, mientras el nuevo gobierno deberá enfrentar una deuda pública superior al 80% del PBI, tasas de interés elevadas, endeudamiento de los hogares y una economía cuyo crecimiento proyectado para 2027 ronda el 2,3%.
El resultado también tendrá impacto regional.
Brasil es la mayor economía de América Latina y una de las principales potencias del Sur Global. La continuidad de Lula mantiene una línea de política exterior que busca preservar autonomía frente a Estados Unidos, fortalecer la integración sudamericana y sostener espacios como el Mercosur y los BRICS.
La victoria, además, se produce en un escenario latinoamericano atravesado por el avance de fuerzas de derecha y por la influencia política de Donald Trump, quien mantuvo una relación cercana con la familia Bolsonaro.
Lula deberá ahora administrar un país prácticamente dividido en mitades y negociar con un Congreso que presenta una composición mucho más conservadora que su gobierno.
La campaña terminó. El desafío que comienza será transformar una victoria estrecha en capacidad para gobernar un Brasil que volvió a demostrar en las urnas hasta qué punto permanece políticamente polarizado.