La investigación, publicada en Environmental Science & Technology Letters, fue encabezada por la Dra. Robin Dodson, del Silent Spring Institute. Junto a su equipo, analizaron más de 1.100 productos usados por 70 mujeres. ¿El resultado? El 53 % de ellas utilizaba al menos un producto con químicos liberadores de formaldehído.
No se trata de productos marginales. Son champús, lociones, jabones, pegamentos para pestañas. Artículos cotidianos. El compuesto más común: DMDM hidantoína, un conservante presente en casi la mitad de los productos para la piel y el 58 % de los productos capilares relevados.
Racismo ambiental y estético
“El problema no son solo los alisadores capilares”, aclaró Dodson. “Estos químicos están por todos lados y en productos que usamos sobre todo el cuerpo. Exposiciones repetidas como estas se acumulan y pueden causar daños serios”. Lo que está en juego, entonces, es mucho más que un debate técnico: es el derecho a vivir sin ser envenenadas por los estándares de belleza dominantes.
Para Janette Robinson Flint, de Black Women for Wellness, la lectura es clara: “Vivimos en una sociedad donde los estándares de belleza son blancos. Las mujeres negras usan productos tóxicos para parecerse a ese ideal”.
¿Cómo opera el sistema?
El formaldehído es utilizado por su capacidad para conservar productos. Sin embargo, su toxicidad es conocida desde hace décadas. Y sin embargo, en Estados Unidos no se exige que los productos lo adviertan en sus etiquetas. Peor aún: los liberadores de formaldehído suelen aparecer con nombres técnicos complejos, imposibles de identificar para un consumidor promedio.
La Dra. Elissia Franklin lo resume con precisión: “No deberíamos tener que ser químicas para saber qué productos nos enferman”.
Mientras que la Unión Europea ya prohíbe este tipo de compuestos, en Estados Unidos la FDA propuso en 2023 prohibir su uso en alisadores, pero la medida aún no se ha implementado. Y lo que no se regula, enferma. Especialmente a quienes no tienen margen de elección.
Una industria que factura con la enfermedad
El estudio forma parte de la iniciativa Taking Stock, un proyecto colaborativo que denuncia cómo los químicos tóxicos presentes en productos de belleza agravan las desigualdades de salud entre mujeres racializadas.
La investigación no solo señala con claridad los productos, sino que denuncia un modelo económico que externaliza los costos sanitarios sobre las poblaciones más vulnerables. El resultado es un círculo perfecto de impunidad: las empresas lucran, el Estado no regula, y las mujeres negras y latinas pagan con su salud.
¿Qué se puede hacer?
El equipo recomienda evitar productos con DMDM hidantoína y consultar herramientas como la app Detox Me, desarrollada por Silent Spring. Pero también señalan que esto no puede resolverse solo desde el consumo individual.
Se requiere legislación clara, etiquetas obligatorias, prohibiciones tajantes y responsabilidad empresarial. Lo contrario es tolerar, por omisión, una forma insidiosa de racismo químico.
FUENTE: https://doi.org/10.1021/acs.estlett.5c00242
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