Uno de los puntos críticos del mes es el impacto del aumento de la carne. Tras el salto de febrero, en la primera semana de marzo los precios volvieron a subir hasta un 20%, empujados por factores climáticos y el reacomodamiento del mercado.
- Cuadril: +20,5%
- Nalga: +14,6%
- Roast beef: +13,5%
- Vacío: +4%
Si bien algunos actores del sector aseguran que las subas comenzaron a moderarse, en los barrios del conurbano los aumentos siguen y los comercios reciben listas de proveedores con remarcaciones diarias de entre 5% y 10%.
El impacto es evidente en la canasta básica. En el Gran Buenos Aires, los alimentos aumentaron 5,12% en febrero, con picos de 9% en carnes y 6,7% en verduras, según el Instituto ISEPCI.
Desde que asumió Milei, los incrementos en el precio de los productos cárnicos registraron aumentos brutales:
- Asado: +150% (+$6000 entre noviembre 2023 y febrero 2025)
- Carnaza: +173,4%
- Carne picada: +167,8%
- Pollo: +171,4%
- Pescado: +207,7%
Tarifas sin freno: gas, luz y agua siguen subiendo
Al igual que en febrero, en marzo los servicios vuelven a ser protagonistas del IPC, con aumentos que afectan directamente al consumo básico:
- Combustibles: +1,9%
- Luz y gas: +1,7%
- Agua: +1%
- Telefonía e internet: +2,4%
Además, hubo fuertes subas en trámites esenciales:
- DNI y pasaporte: +150%
- Licencia de conducir en CABA: +16%
A esto se suman los aumentos estacionales en educación, que junto con los alimentos y el transporte, siguen presionando el costo de vida.
Las dudas sobre el futuro de la inflación
El presidente Javier Milei insiste en que la inflación caerá por debajo del 2% a partir de abril o mayo, pero las mediciones privadas ponen en duda ese escenario.
La consultora LCG, del senador radical Martín Lousteau, advirtió que las subas en tarifas y transporte podrían generar nuevas tensiones en los próximos días, complicando el pronóstico oficial.
El gobierno sigue apostando a su política de ajuste y recesión para frenar la escalada de precios. Sin embargo, con la carne en alza, las tarifas sin tregua y la incertidumbre cambiaria, la realidad del bolsillo argentino sigue desmintiendo el optimismo libertario.
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