El dato preocupa, no sólo por la caída en las exportaciones, sino por lo que revela: un contexto de tipo de cambio desfavorable, presión impositiva alta y trabas estructurales que limitan la competitividad.
Según datos de la Cámara de Exportadores de la República Argentina (CERA), en marzo el superávit fue de apenas u$s323 millones, el más bajo desde diciembre. La tendencia es clara: las importaciones crecen más rápido que las exportaciones.
Tipo de cambio oficial: barato para exportar, caro para importar
El tipo de cambio oficial se mantiene estable por debajo de los $1.200, lo cual genera un efecto directo: desincentiva las exportaciones. Para muchos sectores, liquidar divisas a ese valor implica perder margen de ganancia frente a costos internos dolarizados y a una inflación que corre por encima del crawling peg.
“Estamos viendo una combinación muy negativa: dólar oficial atrasado, presión fiscal sobre exportadores y trabas logísticas que no se resolvieron”, explicaron desde CERA.
Impacto sectorial: agro, minería y economías regionales bajo presión
▪ Agro pampeano:
El agro, principal fuente de divisas, sigue afectado por retenciones que representan el 4,6% de la recaudación, según el IERAL. Para los productores, cada tonelada exportada paga derechos que recortan márgenes y desincentivan la liquidación.
▪ Minería y petróleo:
Estos sectores sufren por la falta de infraestructura. Aun con precios internacionales favorables, no pueden ampliar su capacidad exportadora sin inversiones en logística, transporte y procesamiento.
▪ Economías regionales:
Para los cultivos intensivos y agroindustrias del interior, el problema es otro: aranceles altos para ingresar a mercados internacionales. Mientras países como Chile tienen acuerdos que eliminan tarifas, Argentina enfrenta barreras que encarecen sus productos frente a competidores directos.
El dilema: abrir mercados o proteger industrias
Desde IERAL proponen avanzar en acuerdos comerciales bilaterales para reducir aranceles. Pero eso trae un costo político y económico: la apertura comercial podría afectar a industrias locales protegidas por barreras arancelarias, como los textiles, electrodomésticos y electrónicos.
Son sectores que tienen alta concentración en provincias como Tierra del Fuego o el conurbano bonaerense, con fuerte impacto en el empleo. Es decir, liberar importaciones para ganar competitividad externa también podría generar más presión interna.
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