Argentina volvió a recibir una radiografía alarmante de su sistema educativo. Los resultados de PISA 2025 muestran una caída simultánea en Matemática, Lectura y Ciencias, con un dato que resume la gravedad del problema: el 76% de los estudiantes de 15 años no alcanzó siquiera el nivel mínimo esperado en Matemática.
Frente a semejante resultado, el Gobierno de Javier Milei eligió una explicación conocida: responsabilizar a quienes gobernaron antes.
El Ministerio de Capital Humano sostuvo que los resultados reflejan aprendizajes acumulados durante doce años de escolaridad y atribuyó buena parte del deterioro a las políticas educativas aplicadas desde 2013.
Hay una parte cierta en ese argumento. Ningún estudiante llega a los 15 años después de haber transitado solamente dos años por el sistema y nadie seriamente puede sostener que Milei sea responsable exclusivo de una crisis educativa que la Argentina arrastra desde hace décadas.
Pero reconocer eso no habilita al Gobierno actual a declararse espectador.
PISA 2025 se realizó durante la presidencia de Milei. Los estudiantes evaluados atravesaron casi dos años de su administración y, durante ese período, el Gobierno nacional adoptó decisiones concretas sobre presupuesto, salarios, universidades, programas educativos y relación financiera con las provincias.
Por eso hay una diferencia sustancial entre no ser responsable del origen del problema y pretender no tener responsabilidad alguna sobre su continuidad.
Argentina obtuvo 367 puntos en Matemática, 389 en Lectura y 393 en Ciencias. En las tres áreas empeoró respecto de 2022.
En Matemática cayó 11 puntos y alcanzó el registro más bajo de la serie argentina. Solamente el 24% de los estudiantes llegó al nivel básico esperado. En Lectura, el 59% quedó por debajo del mínimo y en Ciencias ocurrió exactamente lo mismo.
El país terminó octavo entre los 13 sistemas educativos latinoamericanos evaluados y quedó detrás de Chile, Uruguay, Costa Rica, México, Brasil, Perú y Colombia.
La dimensión del deterioro tampoco admite simplificaciones partidarias.
En Lectura, Argentina pasó de 418 puntos en 2000 a 389 en 2025. En Matemática retrocedió de 381 en 2006 a 367. Son datos que atraviesan gobiernos peronistas, macristas y libertarios.
Pero Milei llegó al poder prometiendo romper con el fracaso acumulado. Después de casi tres años de gestión, la respuesta oficial frente a los nuevos resultados no puede reducirse a señalar que todo empezó antes.
Gobernar también significa hacerse cargo de lo heredado.
Y en educación, la política libertaria estuvo atravesada desde el comienzo por la prioridad del ajuste fiscal. El Gobierno redujo programas, modificó transferencias, sostuvo fuertes disputas por el financiamiento universitario y redefinió el papel de la Nación dentro de un sistema cuya administración cotidiana depende principalmente de las provincias.
Incluso cuando el Presupuesto 2026 incorporó mejoras reales en algunos programas, como alfabetización y becas, otros sectores continuaron bajo fuertes restricciones. La Oficina de Presupuesto del Congreso calculó, por ejemplo, una reducción real del 55,9% en los créditos destinados al Instituto Nacional de Educación Tecnológica para este año.
Es difícil sostener entonces que el Estado nacional carece de responsabilidad sobre la dirección que adopta el sistema.
El propio Gobierno reconoce ahora que el cuadro es crítico. La Secretaría de Educación puso en marcha planes nacionales de alfabetización y Matemática, medidas que implican admitir que existen problemas que requieren intervención nacional.
El interrogante es si esas políticas alcanzan frente a la profundidad del deterioro y si pueden convivir con una estrategia general donde el equilibrio fiscal sigue teniendo prioridad sobre buena parte del gasto público.
Los resultados de PISA tampoco permiten adjudicar mecánicamente cada punto perdido al presupuesto nacional. Sería tan simplista como responsabilizar únicamente a Milei por la educación que recibieron durante toda su infancia los jóvenes evaluados en 2025.
Pero tampoco resulta serio el razonamiento inverso.
Durante dos años decisivos de esos estudiantes, Javier Milei fue Presidente. Su administración fijó prioridades presupuestarias, impulsó políticas educativas y decidió cuánto protagonismo tendría el Estado nacional frente a una emergencia que ya conocía cuando llegó al poder.
Los datos de Argentinos por la Educación muestran que el deterioro no se detuvo.
En 2022, el 27% de los estudiantes alcanzaba al menos el nivel mínimo en Matemática. En 2025 quedó apenas el 24%. En Lectura, quienes no alcanzaban los aprendizajes mínimos pasaron del 55% al 59%. Ciencias retrocedió 13 puntos.
El Gobierno puede discutir cuánto de ese resultado pertenece a cada administración. Lo que no puede hacer es comportarse como si hubiese asumido el 1° de enero de 2026.
Milei recibió un sistema educativo deteriorado. Eso es indiscutible.
También es indiscutible que prometió transformarlo.
PISA 2025 muestra que, hasta ahora, esa transformación no llegó a los aprendizajes.
La responsabilidad histórica es compartida. La responsabilidad política del presente, en cambio, pertenece a quienes gobiernan ahora.
Y frente a un país donde tres de cada cuatro adolescentes no alcanzan conocimientos mínimos en Matemática, buscar únicamente culpables hacia atrás puede servir para una discusión partidaria, pero no alcanza como política educativa.