La expansión del trabajo en aplicaciones empieza a mostrar una de las caras menos celebradas del mercado laboral argentino: cada vez más personas necesitan sumar horas de reparto o de manejo para completar ingresos, mientras otras encuentran allí una salida después de perder un empleo formal.
Los datos relevados entre Rappi, PedidosYa, DiDi y Cabify muestran un crecimiento de entre 25% y 30% en la cantidad de trabajadores activos durante el último año.
El fenómeno coincide con un mercado de trabajo deteriorado. El INDEC ubicó la desocupación en 7,9% durante el segundo trimestre de 2026. Además, los últimos indicadores oficiales disponibles muestran niveles muy elevados de informalidad laboral.
Ese contexto le pone un límite al discurso oficial que suele presentar la flexibilización y el trabajo independiente como señales de libertad económica.
Para muchos trabajadores, no se trata de elegir cuándo trabajar, sino de sumar una segunda actividad porque el sueldo no alcanza o de reemplazar un empleo registrado por otro sin estabilidad, vacaciones pagas, aguinaldo ni cobertura laboral tradicional.
Las propias empresas muestran perfiles distintos.
En Rappi, siete de cada diez repartidores se conectan menos de diez horas semanales, lo que refuerza la idea del complemento de ingresos. En PedidosYa, una proporción similar trabaja alrededor de tres horas diarias.
En Cabify y DiDi aparecen jornadas más extensas y una mayor presencia de trabajadores adultos, lo que sugiere que para una parte importante de los conductores la aplicación funciona directamente como principal fuente de ingresos.
El dato generacional también dice mucho. En las plataformas de reparto predominan los jóvenes, mientras que entre los conductores crecen los mayores de 40 años e incluso personas de más de 60 que mantienen niveles elevados de actividad.
No significa que todo trabajo en plataformas sea necesariamente precario ni que cada persona que se conecta a una aplicación lo haga obligada por la situación económica.
Pero el crecimiento acelerado de estas actividades, junto con desempleo, informalidad y pérdida de poder adquisitivo, permite observar una transformación concreta: el empleo estable pierde terreno y el ingreso se fragmenta entre varias ocupaciones.
Ahí aparece una de las contradicciones del programa económico de Javier Milei.
Mientras el Gobierno reivindica un mercado laboral más flexible, la experiencia cotidiana muestra que una parte de esa flexibilidad se traduce en personas que necesitan trabajar más horas, sumar aplicaciones o asumir directamente los costos de herramientas, vehículos y riesgos para sostener sus ingresos.
El auge de las apps puede presentarse como innovación tecnológica.
También puede leerse como la respuesta de miles de trabajadores a una economía que no está generando suficientes empleos formales ni salarios capaces de garantizar, por sí solos, llegar a fin de mes.