El telescopio espacial James Webb aportó la evidencia más sólida hasta ahora de un fenómeno que los astrónomos predijeron durante décadas: un agujero negro supermasivo expulsado de su galaxia y viajando por el espacio a una velocidad cercana a los 1.000 kilómetros por segundo.
El estudio, publicado en The Astrophysical Journal Letters, analizó con el instrumento NIRSpec una estructura lineal de unos 62 kiloparsecs, equivalente a aproximadamente 200.000 años luz, asociada a una galaxia distante.
En uno de sus extremos, los investigadores detectaron una fuerte discontinuidad en la velocidad del gas. Las mediciones muestran un cambio de alrededor de 600 kilómetros por segundo en apenas un kiloparsec, una señal compatible con una onda de choque producida por un objeto extremadamente masivo desplazándose a velocidad supersónica.
El modelo elaborado a partir de las observaciones sitúa la velocidad del agujero negro en unos 954 kilómetros por segundo, con un margen de incertidumbre de poco más de 100 kilómetros por segundo.
Eso equivale a cerca de 3,4 millones de kilómetros por hora.
La masa también resulta extraordinaria. Los cálculos energéticos realizados por el equipo indican que el agujero negro tendría al menos unos diez millones de veces la masa del Sol.
El objeto no se observa directamente. Su existencia se reconstruye a partir del comportamiento del gas, de la morfología de la estructura y de las características espectrales registradas por el James Webb.
Uno de los aspectos más llamativos es la enorme estela que queda detrás de su desplazamiento.
Las observaciones muestran gas sometido a choques rápidos y procesos de enfriamiento, condiciones capaces de favorecer la formación de nuevas estrellas. De esta manera, el paso del agujero negro podría estar comprimiendo el material interestelar y generando regiones donde el gas termina colapsando gravitacionalmente.
La hipótesis comenzó a cobrar fuerza en 2023, cuando Pieter van Dokkum y otros investigadores detectaron mediante imágenes del Hubble una estructura extremadamente larga y estrecha vinculada con estrellas jóvenes.
En aquel momento propusieron que podía tratarse de la estela dejada por un agujero negro supermasivo expulsado de una galaxia. La interpretación fue discutida y aparecieron explicaciones alternativas.
Las nuevas observaciones del James Webb aportaron datos espectroscópicos y cinemáticos que fortalecieron de manera considerable la hipótesis original.
El equipo encontró además que las proporciones entre distintas líneas de emisión del gas son compatibles con choques radiativos rápidos y con el modelo de un objeto supersónico atravesando el medio que rodea a la antigua galaxia anfitriona.
La expulsión de un agujero negro supermasivo puede producirse mediante mecanismos gravitacionales extremos.
Uno de ellos involucra la interacción entre tres agujeros negros durante fusiones galácticas. En determinadas configuraciones, uno puede recibir suficiente energía para ser expulsado del sistema.
Otra posibilidad es el denominado retroceso por ondas gravitacionales. Cuando dos agujeros negros se fusionan y la radiación gravitacional se emite de manera asimétrica, el objeto resultante puede recibir un impulso suficientemente intenso como para abandonar el centro de su galaxia.
Ambos mecanismos fueron previstos durante años por modelos y simulaciones. El nuevo trabajo representa uno de los casos observacionales más contundentes compatibles con ese escenario.
El descubrimiento también aporta una imagen poco habitual de la relación entre los agujeros negros y la formación estelar. En este caso, el objeto no sólo aparece como una fuente de enorme energía gravitacional, sino como un posible agente capaz de modificar el gas que atraviesa y favorecer indirectamente el nacimiento de estrellas.
El trabajo fue publicado en febrero de 2026 y está firmado por Pieter van Dokkum junto con investigadores de distintas universidades y centros astronómicos.
La combinación de velocidad, onda de choque, composición del gas y estructura de la estela llevó al equipo a concluir que están observando un agujero negro supermasivo fugitivo, resultado de uno de los procesos gravitacionales más extremos previstos en la evolución de las galaxias.
Fuente: DOI:10.3847/2041-8213/ae3d0e